La perimenopausia no llega con un manual. Llega con oleadas: de calor, de insomnio, de irritabilidad, de dudas. Llega con cambios en el cuerpo que no pedimos, con emociones que a veces no reconocemos, y con una sensación de que algo se está transformando… sin que sepamos del todo cómo acompañarlo.
Pero hay algo que sí sabemos: no estamos solas.
Somos muchas. Mujeres fuertes, sensibles, activas, creativas. Mujeres que trabajamos, que cuidamos, que soñamos. Mujeres que, de pronto, nos encontramos con síntomas desagradables que nos sacan de eje: sudores nocturnos, ansiedad, piel más seca, cambios de humor, cansancio inexplicable. Y, sin embargo, seguimos adelante. Porque eso hacemos. Porque eso somos.
Juntas podemos más
La perimenopausia no debería vivirse en silencio ni en soledad. Necesitamos espacios donde hablar sin vergüenza, donde compartir lo que sentimos sin que nos miren raro. Necesitamos aliadas, amigas, hermanas, colegas. Mujeres que nos digan “yo también”, que nos recomienden ese té, ese suplemento, ese dermatólogo, ese podcast que les ayudó. Que nos escuchen sin juzgar. Que nos abracen con palabras.
Y también necesitamos mirarnos con más cariño. No desde la exigencia de “volver a ser como antes”, sino desde el deseo de sentirnos bien hoy. De vernos lindas, cómodas, auténticas. De reconectar con nuestro cuerpo, con nuestra energía, con nuestra sabiduría.
¿Y los hombres? Necesitamos de ellos su empatía, no solo ánimo
Muchos hombres, nuestras parejas, nos quieren, nos acompañan, nos dicen “vas a estar bien”. Y eso se agradece. Pero también necesitamos que entiendan que esto no es solo “una etapa”. Es un proceso profundo, físico y emocional, que no se resuelve con buena onda. Necesitamos que escuchen más allá de las palabras. Que no minimicen. Que no nos pidan que “no nos pongamos así”. Que no nos digan que “es lo que toca vivir” como si fuera una condena.
La empatía no es saber exactamente lo que sentimos. Es respetarlo. Es preguntarnos cómo pueden ayudar. Es no juzgar nuestros silencios ni nuestras lágrimas. Es estar, sin querer arreglarlo todo.
Y si dejamos de decir, ya no tengo 20 y empezamos a decir bienvenido 50
La perimenopausia puede ser incómoda, sí. Pero también puede ser una oportunidad para reconectar con nosotras mismas, para redefinir lo que significa el bienestar, para construir redes de apoyo más profundas. No estamos solas. Y juntas, podemos encontrar nuevas formas de sentirnos bien, de vernos bien, de vivir esta etapa con dignidad, belleza y fuerza.
No soy yo, no son los 50, es la vida.
#noestamossolas #50ytantos
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