Consejos que nunca considere importante, hasta que llego el día.

Hace varios años, cuando los 50 se veían muy lejanos aun, una tía muy querida —flaca toda la vida, de esas mujeres que te dicen las cosas sin filtro, pero con amor— me dijo:

“Mijita, cuando llegue la menopausia, trata de estar delgada. Porque si estás con sobrepeso, te costara mucho bajar, dado que te saldrán rollos donde nunca tuviste. Y lo peor, no se van con nada, sino mírame a mí, flaca, pero con rollos.”

Yo, que he subido y bajado como si nada de peso toda la vida, no le hice mucho caso como la mayoría de las personas jóvenes.

Y cuando llegó la perimenopausia… me agarró en mi peor momento.
Nunca había subido tanto. Me emparejé bastante mayor, recién a los 46 y como era de esperar me toco un hombre goloso y flaco. En los primeros años de relación, malamente me puse a comer a la par con él, craso error considerando que los años dorados de avecinaban a pasos agigantados. Como les explico, lo que me ha costado adelgazar, ¡subí 26 kilos! 26, me quería matar.

Nunca me había sentido tan poco atractiva. Me pegó fuerte. Me afectó el ánimo. Me desordenó por dentro y por fuera.

Pero acá estoy.
Con un esfuerzo gigante, con toda la fuerza mental que puedo reunir, he logrado bajar 6 kilos.
Y aunque casi nadie lo nota —porque con la edad eso pasa— ni yo lo noto.
Sé lo mucho que me ha costado. Y como no pretendo ser como lo era a mis 25 años, quedaría muy feliz si al menos logro bajar 15 más.
Y sí, se pone cuesta arriba. Pero ahí voy.

Me he convencido —o estoy intentando convencerme— de que esta etapa es distinta.
Que tengo que cuidarme más.
No por estética, no por exigencia…
Sino porque me lo merezco.
Porque esta es mi vida.
Y porque quiero sentirme bien, verme bien, estar bien.

No soy yo, no son los 50, es la vida.

#noestamossolas #50ytantos

CATEGORIES:

Uncategorized

Tags:

No responses yet

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Últimos comentarios