Si alguien me hubiera dicho

Conversando con amigas y primas, y viendo hoy a mis sobrinas adolescentes en plena “edad del pavo”, me doy cuenta que no guardo recuerdos de una adolescencia complicada ni de haber sido insufriblemente odiosa. Quizás por eso me ha costado tanto aceptar y comprender este cambio hormonal tan intenso. Si alguien me hubiera advertido que los 50 estarían llenos de transformaciones corporales, tal vez —solo tal vez— habría aprovechado más mi juventud o me habría preparado mejor. Incluso habría reclamado menos cada vez que llegaba el tan poco valorado periodo.

Hoy, con esta nueva conciencia, entiendo mucho mejor a mis sobrinas: los cambios hormonales lo alteran todo y me recuerdan que la vejez se acerca. Nunca sufrí depresión por la edad, pero ahora me cuestiono muchas cosas. Me pregunto cómo es que a mis tías, e incluso a mi madre, no les afectó tanto… o quizá sí, y nunca lo notamos. Pensándolo bien, mi madre —que hoy tiene 81 años y padece Alzheimer— siempre tuvo miedo a envejecer. Su crisis llegó a los 56, cuando enviudó. Su mayor temor era quedarse sola, y sigue siéndolo hasta hoy.

Cuando éramos jóvenes, jamás pensamos que llegaríamos a esta etapa. La veíamos tan lejana… y de pronto nos enfrentamos a una realidad inevitable: no hay vuelta atrás, el camino es en bajada, queramos o no. Pero si intentamos, aunque sea un día a la vez, dejar de repetirnos “estamos viejas” o “ya no soy la de antes”, quizás podamos reconciliarnos con esta etapa. Claro que no somos las de antes: ahora somos más grandes, más sabias, más conscientes.

Tal vez el secreto esté en seguir adelante agradeciendo que estamos vivas. Después de todo, todas hemos perdido personas cercanas, algunas incluso más jóvenes que nosotras. En vez de reclamar o resistir, podemos acoger esta nueva realidad y vivir cada día como si fuera el último. Sí, cada vez estamos más cerca de la muerte… ¿y qué? Eso también es la vida.

Aprovechemos cada instante: caminemos descalzas sobre el pasto del parque, observemos a las mascotas, regalemos un gesto de cariño o empatía a quien tengamos al lado. Al final, creo que ahí está la verdadera esencia: disfrutar lo mínimo, lo sencillo, lo cotidiano.

CATEGORIES:

Uncategorized

Tags:

No responses yet

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Últimos comentarios